En la formación en prevención de riesgos laborales es importante conocer ciertos componentes que, si bien son del ámbito de la limpieza, hoy en día, y por culpa de la covid, se han convertido en elementos esenciales de la prevención y la salud. Nos estamos refiriendo a la lejía, un químico utilizado para la desinfección de superficies.

Vamos a contar algunas cosas relacionadas con la lejía y la desinfección.

¿Que es la lejía?

La lejía tiene como componente activo hipoclorito de sodio (NaClO).

El cloro es un desinfectante universal, activo frente a todos los microorganismos. Se trata de un agente altamente oxidante, corrosivo para los metales.

En general, las lejías se utilizan en forma de hipoclorito sódico (NaOCl), con diversas concentraciones de cloro libre. Las domésticas de 30 g/l a 40 g/l de cloro libre que encontraremos en los supermecardos a las de uso profesional que pueden llegar a 100 g/l utilizadas para piscinas u otros fines más industriales.

¿Como ha de utilizarse la lejía como desinfectante?

La lejía debe diluirse en agua y su proporción de mezcla dependerá de la concentración de cloro que contenga dicha lejía.

Si se preparan a partir de la lejía comercial de uso doméstico (30 g/l a 40 g/l de cloro libre) de la siguiente manera:

Entre un 25% a un 35% en volumen de lejía doméstica sobre agua. Estas soluciones son inestables, ya que el cloro es un gas en condiciones ambientales y por lo tanto se produce su continua evaporación, por ello se han de mantener tapadas, siendo recomendable su preparación diaria.

¿Qué riesgos puede suponer su utilización?

No debemos olvidar que  el cloro, es un gas irritante de las mucosas y del aparato respiratorio, por lo que implican la necesidad de tener enorme cuidado en su manejo, pues pueden provocar graves irritaciones en piel y en mucosas.

¿Podemos mezclar las lejías con otros productos para mejorar se eficacia?

En ningún caso deben mezclarse productos de limpieza, ya que podemos desconocer las reacciones químicas entre ellos y por tanto el efecto sobre nuestro organismos de los productos derivados de dicha reacción.

En especial la lejía no debe mezclarse con el amoniaco NH3 (1), el agua fuerte (salfumán)(2), o el vinagre (3), ya que la reacción química entre estos compuestos libera gases altamente tóxicos.

(1)Al mezclar lejía y amoniaco, se produce la cloramina (Nh2Cl) que se libera en forma de gas al realizar la mezcla. Al respirarlo y entrar en contacto con el agua de nuestro organismo da lugar al ácido clorhídrico que dañaría a piel y mucosas.

(2)El salfumán es un ácido fuerte, concretamente se trata de ácido clorhídrico, HCl, con una concentración que suele oscilar entre el 16 y el 20%. Por este motivo el salfumán no se puede mezclarse con la lejía, ya que puede liberar cloro gaseoso.

(3) Con el vinagre, pasa algo parecido al ser también un ácido y puede por tanto provocar gases tóxicos que nos intoxiquen. Aunque de forma menos grave dado que el vinagre es un ácido más débil y menos concentrado.